noviembre 30, 2006

A Roberto Cáceres, mis disculpas.



Entre los que, de una u otra manera, ya nos conocemos, hicimos una cadena de mails para organizar la segunda toma(da) bloguera. Uno de lo mensajes fue enviado por Roberto Cáceres (Estante Boliviano), y yo no supe entender sus palabras. A raíz de ello, hice una aclaración por la misma vía, que, según me parece, también fue mal entendida.

Por este motivo, públicamente quiero pedir MIL DISCULPAS A MI AMIGO, COMPAÑERO Y COLEGA, ROBERTO CÁCERES.

Roberto, respeto tu opinión y la de cualquier otro, pero asumo que comprenderás que a veces los malentendidos se producen; esto es normal, lo raro sería que, siendo partícipes de la misma causa, no podamos aclararlos. Siento una vergüenza inmensa por haber expresado opiniones poco afortunadas que, sin embargo, tenlo por seguro, jamás tuvieron el afán de censurar tus puntos de vista.

Compañero, nuevamente, acepta mis disculpas.

No hay primera sin segunda



Debido a que el actor principal, Rondeldía, decidió fugarse a Santa Cruz con una dama de compañía, tuvimos que cambiar el argumento del film para ajustarlo al perfil histriónico de nuestra nueva estrella: CÁPSULA DEL TIEMPO, quien ya llegó a la ínclita para incorporarse a la filmación.

Por eso, convocamos a todos los blogueros, comentaristas, críticos, etc., a la segunda toma(da) de la más reciente producción cinematográfica nacional:


FARRA BLOGUERA


Esta vez, cambiaremos de locación y comenzaremos el rodaje en el ANTIQUE BAR (ex Shopería), mañana, viernes 1º de diciembre, a las 21:30.

¡Los esperamos!

noviembre 28, 2006

Mañana estreno reloj

Podrido fin de semana
no encuentro nada que hacer
ciudad de cristos y hampones
quién podrá saciar mi sed.

Tango feroz



-Con el Yerbas no se juega, Teco, si no le pagamos, estamos jodidos.
-Y de dónde mierda vamos a sacar plata.
-Yo qué sé. Algo hay que carburar.
-Mejor jugamos oculta-oculta unas semanitas, hasta conseguir billete.
-Tas loco. Él sabe dónde vivimos, si no nos jode a nosotros, puede joder a nuestras familias.
-Puta, todo es tu culpa. Yo te dije que no vayamos a su boliche, nada es gratis con ese cuate.
-No me jodas, bien que querías mandarte un vuelo, yo no te he obligado.
-Ya, no te rayes. Alguito se nos va a ocurrir.

Omar podría haber ido a otro médico, uno mejor, uno más caro, pero prefirió decirle a su madre que el doctor costaba cien, cuando en realidad ese matasanos le cobró veinte. Ochenta pesos libres para su guitarreada tradicional de viernes. Omar, más conocido como el Tomar, podría haber recibido un buen diagnóstico, y en vez de antibióticos le hubieran recetado un par de desinflamantes. Así, el Tomar habría podido beber como de costumbre, hasta quedar dormido en la mesa, apoyando la cara en su vómito. Con antibióticos, no. Con antibióticos en el organismo no podía embriagarse. El Tomar podría haber empezado el tratamiento el sábado, pero decidió mostrarle la receta a su madre para que fuese más creíble el pago de cien pesos al médico, y ella le obligó a comenzarlo de inmediato. El Tomar podría haber sido un poco menos ignorante, un poco más curioso, un poco menos ingenuo, y haber sabido que beber con antibióticos no hace daño, sólo interrumpe el tratamiento. El Tomar podría haber hecho muchas cosas, pero sólo hizo una, la que siempre hacía los viernes.

El Teco y Joaquín trataron de vender algo de ropa, algunas cosas que pudieron sacar de sus casas, pero ni con eso lograron reunir lo que adeudaban al Yerbas. Sabían que era imposible pedir una prórroga, por lo menos sin salir medianamente golpeados. Y Joaquín, que siempre se había hecho conocer por buen pugilista, macho a toda prueba, no podía permitir que toda su imagen se derrumbara por una deuda estúpida. Fue cuestión de tiempo y suerte: tenía que pagar al día siguiente, estaba presionado, y su padre, con una gripe muy fuerte; el viejo no podía salir a trabajar esa noche, o sea que el taxi estaba libre. Sólo tuvo que poner cara de inocente al hablarle, Che, papi, esta noche prestame tu taxi pa que trabaje, así me gano unos pesitos pa mis libros. Y el viejo, agobiado por el resfrío, sorprendido por la voluntad del primogénito badulaque, pronunció el sí en medio de un estornudo, señalando con el kleenex el lugar donde estaban las llaves. Todo arreglado, tenía que contactarse con el Teco.

-Ya está, Teco, esta noche vamos a conseguir billete, mi viejo me ha prestado su móvil.
-No seas cojudo, ni laburando toda la semana conseguimos pa pagarle al Yerbas.
-A ver, huevoncito, con quién crees que estás hablando.
-Ya, no te rayes. Pero ubicate...
-Ubicate vos, so pendejo. No vamos a veinticuatrear como pelotudos, sólo vamos a rumbear por las calles hasta encontrar algún borracho. Lo llevamos hasta una calle oscurita y ya está, le birlamos todo lo que tenga. Si no alcanza, buscamos a otro.
-Puta, viejo, eso está turbio...
-¿Prefieres que el Yerbas te alargue la sonrisa?
-No, pero...
-Pero nada. ¿Eres macho o no?
-No jodas, sabes que sí...
-Entonces, listo el bisnes.

El Tomar está aburrido. Los demás cantan desafinadamente, en una lucha de alaridos por el destaque de solista. El Tomar no sabe qué hacer. Toca la guitarra, trata de afinar, pero la sarta de ebrios lo perjudican en su intento. Maldice al médico, a los antibióticos, a sus amigos. Ni siquiera le dan ganas de acercarse a alguna chica; sin tragos encima, ninguna mujer es linda. Enciende un cigarrillo, hace argollitas de humo, mata el tiempo como puede, fingiendo entender los chistes, simulando carcajadas, soportando las burlas. Aun así, el tiempo pasa ligero. Mira su reloj, son casi las tres. Mejor irse. Sin el alcohol en la cabeza adquiere conciencia. Su madre, como siempre, le ha dado permiso hasta las dos, más por costumbre, por ejercer su rol, pues sabe que el Tomar jamás cumple. Hoy sí va a cumplir, o por lo menos se va a acercar. Se pone la chamarra, sin decir nada, se para y se va. Nadie se da cuenta.

Puta qué frío. Yo debía manejar. Hasta qué hora tendré que esperarlo a este boludo. Hecho al macho. Carajo algún día le voy a medir el aceite. Le pagamos al Yerbas y todo termina. Juro. La cana nunca va a sospechar sólo agarran a los prontuariados. Puta que fríooooo. Si le pongo un trotecito. Yaaaa. Nica. Que se apure. Que se apure. Diosito diosito dame calorcito. Carajo hasta poeta me estoy volviendo. Huevadas estoy pensando. Si conseguimos buen billete rajo a un putero. Piernitas ricas calientitas. Ay carajo que frío. La próxima manejo yo que no joda. Yaaaaa. La próxima. Nica. No hay próxima. Nunca más hago esto. Juro diosito. Mañana mismo voy a pirar. Nunca más voy a buscar vuelo con el Joaquín. Pendejo. Hecho al de los contactos. Maraco de mierda. Jura que el Yerbas es su cuate. Carajo si fuera cuate no nos cobraría. Pero pa joder borrachos machito el pendejo. Y ni siquiera él va a laburar. Yo voy a tener que noqueralo al yuca. Ni modo. O él o yo así nomás es la vida. Con un jalecito sería más fácil. Ahí viene el huevón. Una persinadita pa que diosito de fuerzas. Listo. Ahora que pare.

Me cago. Justo hoy no hay ningún pija. Por lo menos la música está buena. Los Indomables son muy buenos. Está canción que traigo amigo es una más de doloooor. Puta que son buenos. Si sobra algo después de pagarle al Yerbas me compro una viola. Listo. Ese huevoncito me está haciendo parar. Parece de chichis. Qué cara de cojudo. Hecho al pendejo debe ser. Ocho. Diez. Doce. Cuánto le digo. Puta ya ocho nomás para que se anime. Si le decía quince seguro pagaba. Qué importa. Ocho o quince es lo mismo con tal que tenga más en la billetera. Sus gambas están bien. Unos cincuenta nos van a dar los albertos. El reloj parece original. Ese se queda para mí. Qué le pasa. Haciendo gestos el huevón. Seguro no le gusta la música. Jailoncito pelotudo. Qué querrá pues. Que se joda por boludo. Poray se baja. Mejor cambiaré de radio. Nega nega. Si se baja lo teso yo mismo. Ojalá el Teco esté esperando tranquis. Ese maraco poray se ha ido. Caga si se ha ido. Ca ga. Mañana le saco su puta. Y si se mariconea también. Carajo hay que ser machos para esto. Y ese es un meonci... Ah más bien no se había ido. Cagaba el boludo. Sí. Sí. Sí. A Miraflores voy. Este pelotudo seguro se cree actorcito. Y este otro pelotudo qué me mira feo. Que no me joda.

Antibióticos. Doctor de mierda. Claro que su hijo se chupa con o sin. Toda la noche hueveando. Yo no soy así cuando chupo. Mearse en la puerta del baño. Métale al trago los mangueros. Qué lejos estoy qué lejos estoy. Ni cantar pueden. Ya la pagarás no llores Brenda. Hasta la letra le cambian los cojudos. Las tres. Mi vieja me va a cortar las dos. Y ni siquiera he chupado. Antibióticos. Doctor de mierda. Ni un puto taxi. Debía sacar el bólido. Doce pesos es. Ladrones. De día ocho nomás cobran. Pero que no me jodan ahorita. Doce. Doce les voy a dar. Ocho y punto. Y ese pendejo qué me mira feo. Por un garrote se cree paco. Ya no me mires. Quieres tu laque en el orto. Ni un puto taxi. Mira ese bolas lo que buitrea. Está como para bolsiquearlo. Que ni me mire. Seguí buitreando cabrón. Mirame y te parto la nasa. Allá hay un taxi. Dime doce y cagas. Que pare este pendejo. Mi vieja me va a cortar las dos. Me emputa rogarles. Ocho y punto. Qué dice este pendejo. Baja tú música huevón. Ocho y punto. Más bien parece buen tipo. Que suerte. Sólo tengo ocho. Pero me decía doce y le partía el alma. Puertas automáticas. Buen coche este cholo. Pero si ve mi bólido se caga de envidia. Lo que faltaba. Pobre cabrón. Pastillas de amnesia. Porque no se toma veinte para olvidar esta música de mierda. Y su perro jodiendo. Moviendo la cabeza. En una que se descuide le parto la cabeza al perro. Y sigue moviendo. Quién sería el cojudo que inventaría estos perros. Pastillas de amnesia doctor donde venden. Que hijo de. Y mi doctor un huevón. Antibióticos. Su hijo se chupa igual. A la mierda. Este pelotudo va a hacer subir a un borracho. Eso más este cabrón. Le digo o no. Va ser para sacarme la mierda. Pero sólo le voy a pagar cinco. Que me diga ocho. Caga. Cinco y punto. El borracho que pague tres. Por qué no pondrá música decente. En su vida ha debido escuchar Pink este cholo. Puta. De paso bolivarista. Calcomanía de a quivo. Así nomás son. Cholis cholos. Con razón. Uno del tigre tendría Pink. Pero así fuera del tigre cinco y punto. El borracho que pague. Y que no empiece a roncar. No jodas. Que no empiece a buietrear. Me bajo. Juro que me bajo. Y este pendejo que apague su radio. Mejor le pongo una siesta. Me duermo y los sacudo de un pedo. Ja jaja ja jaja. Seguro lo hago buitrear al borracho. Ja jaja ja jaja. Mierda mierda mierda. Qué pasa cabrones. Puta no entran mis dedos. Mierda. Mi nasa. Hijo de puta. Mis dedos no entran. Carajo mis dedos no entran. Huevón. Me suelto y cagas. Maracos maleantes. Mierda mis dedos no entran. Un cana. Un cana. Mirá cabrón. Carajo mirá. Mis dedos no entran. Mirá. Cana cojudo. Cagan. Me suelto y. Te voy a partir las bolas choli ladrón. Mierda mis dedos no entran. Te voy a matar. Soltame te voy a matar. Que vea alguien. Carajo. Alguien. Mis dedos. Mi cuello. No entran. Soltame pendejo. Vas a cagar. Cabrón. Yo mato. Soltame. Soltame por favor. Sólo tengo ocho. Mierda. Por favor por favor. Mi vieja. Por favor. Mierda. Por favor. Mi vieja. Soltame. Por favor por favor. Mi vie. Por fa. Por.

Joaquín estacionó el auto al lado de un basural; se bajó y encendió un cigarrillo. En la oscuridad del momento, el Teco sólo podía ver la vibración de la punta incandescente: Joaquín temblaba, tal vez por el frío, o quizá por lo que acababan de hacer. Y el Teco queriendo hablar, queriendo no pensar en lo ocurrido, en su metida de pata, en su fuerza bruta. Juaqui, Juaqui, ya pues, qué hacemos, pero Joaquín seguía fumando, calmando poco a poco la tembladera. Juaqui, qué hacemos, mierda, qué hacemos. Ya callate, pendejo, no metas bulla. Pero Juaqui... Te has pasado, huevón, a ver, fijate bien, poray sólo está desmayado, poray no lo has tesado. Puta madre, no respira, Juaqui... Hablá suave, carajo. No respira, Juaqui, lo hemos timbrado. ¿Hemos?, hemos suena a manada, pendejo, vos solito la has cagado. No jodas, Juaqui, no ha sido queriendo, el cojudo estaba pataleando, hasta vos le has dado un ñapi en la nasa, mirá, mirá, carajo, le has partido la nasa. Ya callate, huevón, más bien lo bajaremos del auto. Joaquín botó la colilla y metió medio cuerpo al auto, ayudando al Teco, que extrañamente se mantenía calmado. Ahora qué. Ahora, un puchito pa calmarnos y nos vamos. Pero, Juaqui, alguien nos puede chequear. ¿Aquí?, es un callejón, pendejo, nadie nos está viendo, tranquilizate. Estoy tranquis, no pasa nada, estoy tranquis. Puta, un sangre fría has resultado. No jodas, ¿qué más puedo hacer?, ¿o vos estás de miedo, Juaqui? Cojudito, ¿yo de miedo?, ni cagando, pero la primera vez siempre es jodida. ¿Y cómo será la segunda, no? Qué te pasa, Teco de mierda, te has timbrado a un men y ya estás queriendo repetir. Sólo estoy jodiendo, Juaqui, esta es la primera y la última. Oye, huevón, ¿por lo menos le has sacado la billetera? Pensé que tú... ¿Yo?, huevonazo, yo estaba con las manos en el volante. Puta, no te rayes, ahorita chequeo. El Teco registró al Tomar, que yacía de espaldas en medio de papeles mugrosos, cáscaras fétidas, pañales desechables, mierda de perros, o de gatos, o de humanos, con la cara bañada en su propia sangre y el cordón de zapatos aún en el cuello. No tiene mucho este boludo, sólo setenta. Sacale las gambas y el reloj, pero ése es para mí. ¿Y la charra, Juaqui? Ya no pues, imbécil, ya está manchada con sangre, pelotudo, ¿no miras? Ya parala, Juaqui, te estás pasando de pendejito, meta y meta a insultarme. ¿Y qué vas a hacer, por matar a un cojudito por la espalda crees que puedes conmigo? El Teco lo miró con rabia, pero conocía bien la habilidad pugilística de Joaquín, así que prefirió contenerse una vez más; ya habría tiempo, después, para ajustar las cuentas. Ya, ya, no te rayes, Juaqui, sólo estoy jodiendo. Pues ya no jodas. A ver, setenta, más lo que nos den por las gambas, tal vez diez, tenemos ochenta, ¿qué tal si vendemos el reloj también?, luego te consigues otro. No, Tequito, el reloj es mío, mejor dámelo de una vez, boludín, no vaya ser que te aficiones. Puta, entonces sólo tenemos ochenta. Yo debo ciento veinte, y tú, noventa. Yo tengo los treinta que reunimos con la venta de ropas, Juaqui, con eso más ya tenemos ciento diez, nos faltarían cien, otro trabajito esta noche y estamos arreglados. En realidad sólo faltan diez, Teco. No pues, Juaqui, faltan cien, en total debemos doscientos diez, alcanzó a decir el Teco antes de que Joaquín le pusiera un cordón alrededor del cuello y apretará con toda la fuerza que disponía. El Teco intentó zafarse, pero sus dedos no entraban, su garganta y el cordón parecían una sola cosa. La vista se le fue nublando y comprobó que, contrariamente a lo que contaban, en pocos segundos es imposible que toda la vida pase frente a los ojos del que muere; sin embargo, sí podía escuchar las palabras jadeantes de Joaquín, Tas mal, Tequito, sólo me faltan diez, con lo que me den por tu charra mi deuda está pagada, huevoncito, y mañana estreno reloj.

noviembre 27, 2006

Fe dominguera


Domingo, 06:45. Repican las campanas del templo, anunciando desde su resonante oquedad de bronce el pronto inicio de la primera liturgia dominical. Los vecinos, maldiciendo la bendición de colindar con una de las propiedades de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, se deslagañan los ojos, resignados y acostumbrados a los bullicios de la fe.

07:00. Con notoria satisfacción, pues se ha batido el record de concurrencia, el cura observa a las diecisiete ancianas que murmuran contrapunteando la oración correspondiente a la última bolita del rosario. La primera misa no cuenta con el apoyo musical de los muchachitos guitarreros que todos los domingos, sagradamente, ofrendan su talento al altísimo, no tanto por fe, como por preferir el sermón litúrgico al paterno, ya que después de haber farreado viernes y sábado, la armonía familiar sólo puede recomponerse con esa demostración de apego a los valores cristianos. Sin embargo, su ausencia pasa desapercibida, no sólo porque el párroco demuestra sus dotes de barítono interpretando a capela los cánticos tradicionales con su grave voz amplificada por los parlantes prendidos en cada pilar del templo, sino también por las agudas voces de las doñitas que, quién sabe por qué, siempre juegan a la soprano recurriendo al falsete para lograr registros inverosímiles. Cualquier escéptico, cualquier hombre de ciencia que no cree en las virtudes curativas de la fe, tendría que revisar su postura al apreciar cómo esos diecisiete frágiles cuerpos que entraron arrastrando los pies, se precipitan en carrera hacia el altar cuando el sacerdote anuncia la comunión, como si la primera hostia fuese la más rica, la más bendita o la menos guardada. “Yo sé lo que te digo –me comentaba un amigo–, no ve que mi primo es cura, y él me ha contado que la primera hostia viene cargadita; es que como los cristianos les estaban quitando feligreses, los padres se han tenido que idear formas de retener a sus creyentes”. Honestamente, no creo que esa versión sea cierta; bueno, no quiero creerlo, pues no me gusta imaginar a mi abuela desesperada por colearse en la iglesia.

08:45. El bronce vuelve a rugir para recordar, a quienes ya están despiertos, que tienen otra oportunidad para acudir al templo y escuchar cuán pecadores son; a quienes aún duermen, les recuerda que deben trasladarse lo más pronto posible.

09:00. El cura, sin haber encontrado nunca a alguien que pudiera darle una respuesta coherente, vuelve a preguntarse por qué carajos tiene que haber misa de nueve los domingos, si es sabido por todos que a esa hora no viene nadie. Pero antes de caer en otros pecaminosos cuestionamientos, se da un golpe en el pecho para castigarse por semejante herejía, e inicia el ritual para las dos viejitas que, seguramente queriendo el repete de hostia, siguen es sus bancas desde la siete.

10:45. La ciudad comienza a despertar en serio, las campanas apenas se hacen escuchar en medio del ruido de motores, bocinas, llantos, “helaaaaaaaados, heladiiiiito, helaaaaados”, “ssssalteeeeeñas, tucumaaaaanas”, etc. Con ropa dominguera, las familias católicas salen del hogar para renovar su fe.

11:00. La iglesia está atiborrada de fieles. Hay cierto aroma en el ambiente que trae a la memoria el olor cervecero de las cantinas del centro. Tal vez en otro país, la imagen de la concurrencia sería interpretada como una conmovedora muestra de fervor religioso, pues los ojos colorados deberían su tonalidad a llanto provocado por la emotividad de la ceremonia; sin embargo, aquí, la rojiza apariencia ocular se debe al chaqui colectivo originado por el metanol sabatino. Al finalizar la eucaristía, como buenos cholos, los maridos católicos cargarán con su familia hasta algún restaurante para darle un día de descanso a su esposa, y se secarán una cerveza helada con la esperanza de nivelar la sangre y recomponer el cuerpo, antes de comenzar a tragar la comida con apetito extremo y modales reducidos.

20:30. Casi empujado por el sacristán, el último feligrés sale de la iglesia tratando de sumergir su mano en la fuente del agua bendita, a esas horas ya bastante turbia, sin poder lograrlo, pues el ayuco parroquial hace valer su autoridad eclesiástica para desalojarlo del templo con impaciencia farisea y brusquedad filistea. Antes de escuchar algún reclamo, cierra el enorme portón y se dirige a la sacristía para liberarse del atuendo monaguillesco. Está muy cansado, prefiere posponer las labores de limpieza hasta el día siguiente. Eso sí, apaga las velas de todos los altares y recoge todos los residuos en una bolsa, pues a él le sirven como materia prima en la producción de cirios, negocio en el que se desenvuelve con sagacidad judía desde hace tres años. Se acerca al altar principal, desenchufa el entramado luminario y, solemnemente, se pone de hinojos para persignarse tres veces, despidiéndose así del Cristo crucificado, antes de enfilar hacia la calle con un buen surtido de hostias especiales en el bolsillo.

noviembre 25, 2006

Farra bloguera

No tengo las neuronas suficientes como para hacer la crónica de la reunión bloguera urbandina de anoche, que se prolongó hasta la mañana de hoy. Por eso, sólo dejo estas imágenes. Acudieron a la cita los y las responsables de: VIVENCIAS, SOLILOQUIO DE COLORES, AMBARVIOLENTA, EL PERRO RABIOSO, RODEADO POR LA NOCHE, RON DEL DÍA, TE UBICAS QUE, CICATRIZANDO Y CRÓNICAS URBANDINAS.